Neuroteología
En un reciente artículo, el jesuita y prestigioso profesor de Historia de la Filosofía de la Universidad de Deusto (España), Alfredo Tamayo Ayestarán, explica cómo durante los años finales del siglo XX y estos primeros del XXI se está abriendo un campo nuevo tanto en la teología como en la llamada «ateología». “Se trata de responder”, explica Ayestarán, “a la cuestión de si estamos programados o no, bien desde nuestros genes bien desde nuestros centros cerebrales, para la creencia auténtica o ilusoria en Dios.”
Ayestarán añade que “el especialista en genética Dean Hamer habla de un ‘gen de Dios’ en nuestro ADN. El estadounidense Andrew Newberg, célebre investigador de los diversos centros cerebrales, ha introducido el nombre de una nueva disciplina que llama ‘neuroteología’. En 2001 publicaba un libro que causó sensación, titulado ‘Por qué Dios no va a desaparecer’, y últimamente otro que lleva el nombre de ‘Born to Believe’, en español ‘Nacidos para creer’. El profesor canadiense Michael Persinger ha ideado el llamado ‘casco de Dios’ que ha permitido, según él, vivir una experiencia espiritual a un 80% de los investigados. Ese casco de Persinger estimularía un supuesto centro o punto de Dios de nuestro cerebro”.
Sodoma, Gomorra y un meteorito
Obviamente, esto no demuestra la destrucción de Sodoma y Gomorra por un meteorito, pero sí parece confirmar que las numerosas leyendas apocalípticas que múltiples culturas y religiones incluyen en sus tradiciones y que se sitúan por aquella época bien pudieran estar sustentadas sobre un hecho, extraordinario, pero absolutamente natural. También resulta relevante el hecho de que si el Antiguo Testamento, tal y como demuestran los estudios más actuales, fue escrito unos setecientos años antes del nacimiento de Jesucristo, la narración oral de aquella catástrofe sin parangón se mantuvo en el tiempo con una fuerza inusitada de casi 2.000 años, los que van desde la presunto fecha del gran desastre (- 3.000) hasta el posible comienzo del relato bíblico en -700.

